Maniobras que pueden salvar vidas en el deporte

Conoce los primeros auxilios básicos para actuar en una situación crítica

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Fotografía: as.com

El accidente que sufrió Fernando Torres en el Deportivo de la Coruña – Atlético de Madrid no es el primero que ocurre en el mundo del fútbol y el deporte en general, ni será el último. En directo, vimos como varios compañeros, médicos del club y los sanitarios de Cruz Roja presentes en el campo tardaron segundos en reaccionar y salvar la vida de ‘El Niño’. Y tú, ¿sabrías reaccionar?

Los primeros auxilios deberían ser un tema imprescindible en la educación e incluso cultura general de cualquier persona, pero no siempre es así. Por eso, desde Franjiverdes queremos intentar que todo el mundo tenga una idea de cómo poder ayudar a una persona en una situación crítica. No queremos volver a presenciar acontecimientos como los ocurridos en la Ciudad Deportiva de nuestra ciudad en demasiadas ocasiones.

 

En el deporte, son muchos los tipos de procesos que se pueden producir y que requieran auxilio. Hablamos de patologías respiratorias en personas predispuestas (asmáticos) y térmicas por deshidratación, insolación, hipotermia.

Sin duda, las patologías más frecuentes son musculares (contusión, calambre, tirones, roturas fibrilares, agujetas, tendinitis…) de las cuales se ocuparán los fisioterapeutas del equipo, y cuyo tratamiento consistirá en rehabilitación, reposo, hielo, vendajes… También articulares, como esguinces, fracturas o luxaciones.

Sin embargo, las que realmente requieren auxilio inmediato son aquellas que cursan con pérdida del conocimiento, tales como lipotimias o cuadros vasovagales, y crisis epilépticas.

Una lipotimia o cuadro vasovagal es una pérdida del conocimiento breve, que se acompañan de síntomas previos como mareo o debilidad muscular. La forma de actuar es acostar a la persona y elevar las piernas unos 45º, aflojar la ropa que le oprima y mantenerla en reposo, intentando tranquilizarla. Si la persona se ha desmayado, tendremos que asegurarnos de que respira y por tanto tiene la vía aérea permeable, e intentar que los ‘curiosos’ se aparten para que la persona pueda tranquilizarse.

Ante una crisis epiléptica, es recomendable no tratar de sujetar a la víctima, aunque hay que evitar que se haga daño con objetos que pueda haber alrededor. También hay que evitar que se muerda la lengua, introduciendo la mano si fuera necesario. Es importante no introducir nada que pueda tragarse, aspirar o un objeto duro que pueda producir daños en mandíbula o dientes. Posteriormente, colocar a la persona de lado, en posición de seguridad. Valorar si ha sufrido algún traumatismo o fractura durante la crisis. Remitir a un centro médico tras la crisis.

Es recomendable realizar la posición lateral de seguridad si la persona está inconsciente pero con pulso y respiración, con el objetivo de que la lengua no obstruya la vía aérea por caerse hacia la faringe, y evitar la aspiración de contenido gástrico hacia los pulmones. Para ello, simplemente habrá que rodar la persona hacia el reanimador.

 

No obstante, la situación más crítica es aquella en la que se produce una Parada Cardiorrespiratoria. Ante ella, lo que hay que hacer es realizar la Reanimación Cardiopulmonar o RCP. El tiempo es clave en ese momento.

Para ello, hay que tener en mente la regla CAB (Cardiac, Airway (vía aérea), Breathing (respiración)), por ese orden. Esta regla, que antes era ABC, ha sido cambiada en los últimos años a CAB por las guías de la American Heath Association.

La primera letra es la C (de corazón, circulación, cardíaco…). Para la reanimación, el masaje cardíaco comprenderá compresiones torácicas en series de 30. Se realizarán con las dos manos, poniendo la mano dominante del reanimador (que tiene más fuerza) y por encima la no dominante. El ritmo será de 100 compresiones por minuto, algo difícil de medir (aunque suene algo extraño, algunos sanitarios utilizan el ritmo de la canción de ‘La Macarena’). El reanimador debe tener los dedos entrelazados y los brazos totalmente rectos para evitar lesiones. El objetivo es hundir el esternón de la persona unos 4-5 cm, por lo que hay que aplicar fuerza. Si el reanimador se cansa, puede ser sustituido por otro rápidamente.

Para asegurar la vía aérea (A), tenemos varias maniobras. La primera es hiperextender la cabeza, inclinándola hacia atrás, cogiéndola con una mano por la frente y con la otra por la barbilla (maniobra frente-mentón). Si fuera necesario, también podemos traccionar la mandíbula hacia delante para que la lengua no obstruya. Lo haremos empujando del ángulo de la mandíbula (debajo del pabellón auricular) hacia afuera. La tercera opción es el ‘barrido digital’, es decir, abrir la boca y coger la lengua. Esta opción es la que más hemos visto en los últimos años en los campos de fútbol.

El último paso es el de las ventilaciones (B). Clásicamente se ha comentado que deben de ser dos insuflaciones cada 30 compresiones torácicas, aunque la importancia de las insuflaciones son cada vez más discutidas (si la vía aérea no es permeable, de poco sirve insuflar aire). La técnica será la de conseguir un sellado boca-boca y tapar la nariz para evitar la salida del aire insuflado. Por ello, cada vez se utiliza más la cánula de Guedel, que consigue un sellado casi perfecto con la boca y permeabilizar la vía aérea al coger la lengua contra el suelo de la boca, además de que la higiene es mayor.

En caso de disponer de un DESA (Desfibrilador Externo Semiautomático), este es de elección.

En caso de ser varias personas, cada una se puede ocupar de una parte. Una las insuflaciones, otra mantener la vía aérea permeable, otra las compresiones torácicas, otra ir a por ayuda o llamar al 112…

 

Vídeo: Actuación ante un desmayo:

 

Vídeo: Compresiones torácicas:

 

Vídeo: Insuflaciones:

 

Vídeo: Cómo colocar una cánula de Guedel:

 

Vídeo: Colocación de un Desfribrilador Semiautomático o DESA:

 

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